UN CORAZÓN ALEGRE POR NAVIDAD



Lidya, princesa de un pequeño reino europeo vive sola en su inmenso castillo. Aunque el reino es pequeño en comparación con otros colindantes a él, la familia real posee grandes riquezas.
En realidad, la realeza de aquel lugar como tal se compone de una sola persona; la princesa Lidya que en los próximos días será coronada soberana de aquel lugar.

Una joven triste que vive sola en aquella fortaleza con la única compañía de los trabajadores de palacio.
Se acercan las Navidades, unas fechas tristes para la futura soberana. Por esos días será su entronización y también por esas fechas se cumplen años de la misteriosa desaparición de los padres de Lidya, los hasta ahora, actuales soberanos. Nada se sabe de ellos.

Desde entonces ha sido la joven la que ha dirigido con inteligencia y eficacia los designios del reino. Pero lo ha hecho como princesa. No ha querido ser coronada reina. Prefería esperar a que sus padres aparecieran para ocupar el lugar que les corresponde.

Tras un tiempo prudencial esperando su regreso, a la muchacha no le ha quedado más remedio que aceptar ser coronada nueva reina.

En sus aposentos, la princesa llora mientras sostiene entre sus manos un retrato de sus progenitores.

—¿Dónde estáis? Regresad
por favor. —se lamenta la joven.

Desde la ausencia de los monarcas, la princesa ha perdido la sonrisa. Y no hay nada que logre devolvérsela.

En Nueva York en plena Navidad, un joven llamado Michael Jackson trabaja esos días como Papa Noel en un centro comercial. Allí recibe la visita de los niños que le cuentan lo que han pedido por Navidad.

Es el primer hombre negro que hace de Papa Noel, que como todo el mundo sabe es un  personaje de tez blanca.
A Michael le gusta hacer feliz a la gente, en especial a los niños que son el futuro de cualquier país. Por eso ama ese trabajo y en esa época del año. Aunque siente que hay alguien en alguna parte, quien sabe donde, que necesita alegrar su corazón.

Cuando finaliza su jornada laboral, acude a Central Park, aún vestido con su traje de Santa Claus para admirar el impresionante árbol que lo preside. Además por esta época, sin duda, es una de las cosas preferidas para ver por los turistas que viajan a Nueva York, tanto nacionales como extranjeros.

Allí frente al árbol Michael se propone buscar a esa persona que él sabe que existe y proporcionarle "un corazón alegre por Navidad "

—Deseo concedido. —dice alguien que ha escuchado su deseo.

Un bondadoso mago de la corte del reino de Lidya.

Una pequeña ventisca de nieve comienza a levantarse en el lugar. El joven camina buscando algún sitio en el que guarecerse. Sin darse cuenta se adentra cada vez por el parque. Cuando quiere darse cuenta y la ventolera ha cesado, se encuentra en un lugar que no conoce y al que no sabe como ha llegado.
Un sitio muy distinto de Nueva York. Allá la cantidad de nieve es superior a la de su ciudad. Y eso que la metrópoli es conocida en el mundo por las grandes nevadas que suelen caer en ella.

En cambio, en aquel extraño sitio hay más nieve de la que pudo imaginar. No hay rascacielos, ni grandes edificios. Sus casas son unifamiliares y se ven modestas, propias de familias humildes. Pocas son las personas que transitan por allá. Y las pocas que lo hacen le miran sin disimulo y con extrañeza.

Michael les muestra su hermosa sonrisa. Esa sonrisa que es capaz de derretir el corazón más frío y hacer brotar otra sonrisa de él.
Los habitantes de ese lugar también le parecen raros al chico de pelo rizado ya que están ataviados con ropas más propias de épocas antiguas, en concreto del medievo.

El muchacho sigue caminando. Ha de encontrar el camino de regreso a Nueva York y está seguro que todo aquello que ve debe ser fruto de una especie de sueño extraño del que aún no ha despertado. Pero si es un sueño, ¿por qué su olfato puede percibir el inconfundible aroma a pan recién horneado? En los sueños no hay olores, ni sabores, si acaso colores.

Transitando por las calles, escucha hablar a los pocos habitantes que con semejante frío se atreven a salir de sus casas. El tema de conversación siempre es el mismo. La próxima coronación de la princesa Lidya.

—¡Pobre de nuestra princesa!
Desde que sus padres desaparecieron por Navidad, hace ya algunos años su corazón está afligido.

—Así es. Pero aún con ese pesar en su alma que la embarga sigue siendo la bondadosa princesa que ha sido siempre.

Michael que lo está escuchando todo sonríe.
Él devolverá la alegría al corazón de la princesa Lidya o al menos lo intentará. El muchacho se presenta en palacio con el objetivo de arrancar una sonrisa a su rostro y tal vez devolverle un poco de alegría al corazón.
Cuando está frente a ella queda impresionado por la belleza de la princesa, una muchacha de melena lisa, piel canela, de grandes y hermosos ojos negros.

El joven hace muecas, le sonríe, pero nada da resultado. La princesa sigue triste. Luego decide cantarle una canción que él mismo ha compuesto. Aunque no es cantante, al muchacho le gusta componer canciones.
Con su canción You Are Not Alone, el chico logra arrancar una sonrisa a la chica, pero  muy tímida, apenas perceptible. Instantes después, Michael se acerca a la princesa y le da un rápido  beso en la mejilla. Luego sale huyendo porque la guardia de la princesa quiere castigarle por su atrevimiento de besar a Lidya.

—No. Dejadle marchar. —ordena la joven.

—Pero Alteza... —dice el jefe de la guardia real.

Dejadle marchar.—insiste la muchacha mientras se acaricia la mejilla que el muchacho le besó.

Lejos de allí, los soberanos que fueron secuestrados años atrás por un malvado hechicero escuchan los planes del mago de asesinarlos a ellos y luego a la princesa que será proclamada reina en unos días. Ambos han intentado escapar de su cautiverio en diversas oportunidades sin fortuna.

Los días pasan, Lidya y Michael, que al día siguiente de la visita a palacio del chico se encontraron  por casualidad, han estado viéndose en secreto. Se han ido enamorando el uno del otro, aunque ninguno ha  confesado abiertamente sus sentimientos. Así es como él descubre como llevar la alegría al corazón de su amada princesa. Cuando Lidya regresa a palacio el muchacho piensa en como ayudarla.

—¿Cómo puedo a encontrar a sus padres? Nadie sabe donde se encuentran. —dice el joven.

En ese instante alguien aparece ante sus ojos por arte de magia, y él se asusta mientras retrocede unos pasos.

—No temáis. No os haré daño. Si me permitís yo puedo ayudaros con eso. —dice el extraño hombre vestido con lujosos y coloridos ropajes.

—¿Quién eres y cómo podéis ayudarme? —dice Mike que cada vez desconfía más del extraño individuo que acaba de aparecer ante él.

—Soy el responsable de que os halléis aquí. Recordad el deseo que formulastéis frente al árbol de Navidad de Central Park. Yo me encontraba cerca vuestra y os escuché pero no os  percatastéis. —se sincera el joven mago.

El hechicero extiende su mano y segundos más tarde una esfera aparece en ella.

—Tomad. Esta es una esfera mágica. Usándola podréis llegar hasta el lugar en el cual se encuentran cautivos los monarcas. Pero ¡tened cuidado! el nigromante que los raptó os destruiría si llegara a descubriros. Debéis ser cauteloso. Esta esfera os mostrará imágenes. A medida que vayáis caminando ella os indicará por donde debéis seguir. Cuando lleguéis a vuestro destino escondedla bien, para que el mago no la vea. De lo contrario no podréis regresar. —le advierte el hechicero antes de desaparecer.

El joven así lo hace y comienza su búsqueda. No sabe como liberará a los padres de su princesa pero seguro que algo se le ocurrirá.

Después de varias horas de caminata, Michael llega a un pequeño y lúgubre castillo donde, en efecto, se encuentran los soberanos encerrados en las mazmorras. El chico de ojos oscuros piensa rápido como liberar a la pareja de su prisión, pero las llaves de la celda de la mazmorra las tiene uno de los guardias sujetas en una mano. Necesita dormirlos a ambos para poder tomar esas llaves y sacarlos de allí.

En ese momento aparece de nuevo el mago.

—Yo os ayudaré. —dice el brujo.

El hechicero entra en el lugar y de un movimiento de la mano sume a los celadores en un estado de sueño profundo. Ese es el momento que Mike aprovecha para moverse con sigilo y hacerse con las llaves al  fin.

Minutos después la  puerta se abre y los reyes salen de allí.
Aunque bastante más delgados debido a la mala alimentación durante su cautiverio, los padres de Lidya se encuentra bien de salud.

—Seáis quien seáis muchas gracias por liberarnos. —dice el soberano.

Michael sonríe.

—Ya habrá tiempo para agradecimientos. Ahora huyamos de aquí rápido antes de que el hechicero nos descubra.

Los tres corren y justo en el momento en el que  atraviesan las puertas del castillo, el nigromante los descubre. El chico de melena rizada enseguida protege a los padres de la princesa, poniendo su cuerpo delante de los de los reyes.

—Si quieres quédate conmigo pero ¡déjalos ir a ellos! Su hija los necesita. —le  dice el muchacho.

El mago se ríe de forma malévola.

—¡Nunca! Os quedaréis los tres conmigo y cuando acabe con vosotros haré lo mismo con la princesa Lidya. De esa forma yo seré el nuevo soberano de este lugar como
siempre debió ser. —dice el adivino levantando los brazos dispuesto a acabar con el chico y los monarcas.

—Si yo fuese tú no lo haría. Hermano. —le dice el mago que ha ayudado al muchacho.

—¿Tú? —responde el malvado nigromante mirándole con odio.

—Marchaos. Yo me encargo. —les dice el hechicero bueno sin dejar de mirar a su hermano. — ¡Rápido!

Los tres se apresuran y huyen de allí a toda velocidad

—Nunca cambiarás hermano. Siempre usando tus poderes para el mal. —responde uno de los hechiceros.

—Sería un estúpido si no me aprovechara de ellos en mi propio beneficio que es lo que deberíais hacer toda la familia. —responde el otro.

—Se nos otorgaron nuestros poderes para hacer el bien. —responde él. —Si no te detienes tú lo haré yo.

Su malvado hermano se carcajea sonoramente.

—¿De verdad? No tienes poder suficiente para acabar conmigo. —se vuelve a reír.

—Sabes que sí, pero no lo haré solo. —responde su gemelo.

En ese momento comienzan a aparecer miembros de la familia, hechiceros ya fallecidos. El rostro del malvado brujo se ensombrece al verlos.

—Puedo acabar con todos. —amenaza, aunque sabe que no es cierto.

El nigromante empieza una lucha contra su propia familia a los que ataca usando sus poderes, lanzando bolas de fuego y rayos. Más no puede con ellos y finalmente su familia unida acaba para siempre con él.

En el castillo, Lidya avanza hacia el trono en el que será coronada reina al fin, ataviada con un vestido de oro y plata, el cabello semirecogido y su tiara de princesa. Cuando la joven está a punto de ser coronada, un murmullo comienza a escucharse cerca de la puerta de la estancia en la que se está celebrando la ceremonia. Intrigada la futura reina se levanta para descubrir el motivo de ese murmullo.

La gente se va apartando y cuando la joven ve a sus padres sus ojos se llenan de lágrimas. La joven no duda en correr hacia ellos emocionada. Cuando están juntos se abrazan llorando. Luego avanzan hacia el lugar en el que Lidya iba a ser coronada.

—La entronización se anula desde este momento. Los verdaderos reyes han regresado a ocupar el lugar que les pertenece. —dice la joven feliz y sonriente.

El joven Michael Jackson ha cumplido su deseo, devolver la alegría a un corazón por navidad.

Los soberanos se sinceran con su hija y le cuentan que fue de ellos durante esos años de ausencia de palacio y como lograron escapar de su prisión. Entonces Lidya sale corriendo del castillo para sorpresa de todos que ignoran donde va la heredera con tanto apuro.

Michael está a punto de regresar a Nueva York de la misma forma en la que apareció allá. Una ventisca de nieve vuelve a levantarse y el joven se dispone a seguir caminando cuando una voz detrás suya le detiene.

—¡Michael espera!

Cuando el muchacho se gira, ve a la princesa acercándose a él mientras trata de protegerse de la ventisca.

Lidya le abraza.

—Gracias por devolverme a mis padres. —le sonríe ella ampliamente.

Él la sonríe.

—Antes de llegar a este lugar prometí devolver la alegría al corazón de alguien. —vuelve a sonreír melancólico, mientras se dispone a seguir su camino de regreso a Nueva York.

—Y lo lograste. —sonríe ella. —Pero la felicidad de este corazón. —dice ella tocándose el pecho. —No será completa sin ti. —le confiesa ella mirando al chico a los ojos.

Él se sorprende pues no esperaba semejante confesión de la princesa y sonríe feliz.

—Sé que lo voy a hacer no es propio de una princesa pero... —dice la joven.

A continuación la muchacha le besa con ternura en los labios. Él corresponde a su beso. El viento comienza a desaparecer. Un radiante sol aparece en el cielo.
Michael feliz abraza a Lidya y la eleva un poco, mientras la risa de una feliz princesa se escucha por todo el reino.   

FIN




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