EN SU PROPIO MUNDO
Esta historia la escribí hace unos meses
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Erase una vez, en un hogar cualquiera, en una parte del mundo cualquiera, una familia feliz y bien avenida.
Eran muy humildes, los abuelos veían a sus nietos crecer sanos y rodeados de amor. Sus hijos, a pesar de trabajar muy duro y llegar agotados a casa eran dichosos. La razón de esa felicidad era que se tenían los unos a los otros.
Aquel era un hogar lleno de amor, en el que todos daban la vida por todos, se amaban y protegían. Los abuelos querían con locura a sus nietos, pues les estaban alegrando los últimos años de sus vidas con sus risas y juegos. Sus nietos los adoraban, porque a diferencia de sus padres que los regañaban cuando era necesario, los abuelos los mimaban y consentían. Hasta jugaban con ellos.
Además les contaban historias fascinantes de su juventud. Los abuelos veían orgullosos, como sus vástagos sacaban a su familia adelante, luchando a brazo partido por ellos.
Pasan los años, apenas dos o tres.
Las cosas ya no son como antes. Los abuelos, hace tiempo comienzan a hacer cosas sin sentido y ver cosas que no existen. Pero sin duda, lo más preocupante es que los ancianos empiezan a tener importantes lagunas de memoria cada vez más frecuentes. Incluso llegan a olvidar a sus familiares hijos y nietos. Preocupados, sus hijos deciden llevarlos al médico. Tras unos estudios, el doctor les da los resultados a la familia.
—Es una enfermedad muy cruel. Actuarán de manera poco lógica. Puede que incluso lleguen a ser agresivos. Algunas personas que la padecen pueden llegan a serlo. En cualquier caso no es culpa de ellos. Lo más triste de todo es que irán perdiendo todos los recuerdos y todas sus capacidades. Necesitan mucho amor y paciencia, aunque en más de una ocasión la perderéis. Es algo que de momento no tiene cura. Los gobernantes no destinan dinero para investigarla, prefieren usarlo para cosas estúpidas. —les informa el doctor.
Desolada la pareja sale del lugar sin saber como afrontar aquello. De camino a su hogar, el matrimonio ve a un político en plena campaña electoral que posa sonriente con algunas personas.
—¡Políticos falsos e hipócritas! —dice la madre de la familia.
La pareja llega a casa y les dicen a sus hijos.
—Los abuelitos están malitos, tenéis que ser muy cariñosos con ellos aunque a veces se enfaden con vosotros. Se les olvidarán muchas cosas. Dadles mucho amor y cariño. Y no os molestéis por lo que hagan, porque ellos no tienen la culpa.
Los niños lo entienden y así hacen.
Cuando años después los ancianos llegan al final de su enfermedad, postrados en cama, tienen un último momento de lucidez y agradecen a su familia haberlos cuidado esos años.
Y si bien sufrieron mucho durante su enfermedad, su partida de este mundo es muy dulce. Ambos sonríen a su familia y agradecièndoles todo su amor y entrega, se marchan para siempre en paz y sin sufrimiento.
FIN
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